Desescalada: bares, qué lugares



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Son poco más de las diez de la mañana y la monotonía de las últimas semanas se ha roto en Esguevillas de Esgueva (Valladolid). José Antonio y su hijo, metro y bayeta en mano, se afanan en montar la terraza del bar La Carrera. Hace dos meses que abrieron por última vez y además de reponer género y realizar algunas reparaciones, también hay que prepararse para la nueva situación, ya que, de momento, los clientes no podrán entrar en el interior del establecimiento. Mientras colocan pequeñas carpas, llegan los dos primeros, Serafín y Antonio, dos viejos amigos que no han dudado en tomarse un café para celebrar el estreno del pueblo en la fase 1. «No sé muy bien qué es lo que podemos hacer a partir de ahora, pero después de tanto confinamiento salir al bar y echar una charla con los vecinos es una bendición», Poco a poco, la cosa se anima y los clientes se reparten por las mesas de la terraza. «Ahora soy consciente de que no es rentable tener abierto el bar, pero aunque sea como una especie de servicio social, creo que es mi obligación», asegura el propietario, informa Ical.

Los municipios de 26 zonas básicas de salud del medio rural de Castilla y León estrenaron ayer la fase 1 de la desescalada en la que a 53.500 castellano y leoneses veían levantarse las restricciones, bajo la vigilancia de la Guardia Civil en sus carreteras, controlando llegadas no autorizadas. Pero con la libertad de paseos sin horarios en los pueblos y la mayoría de comercios de pequeño tamaño ya abiertos desde el lunes pasado, la vida – decían ayer- «no ha cambiado mucho» y el principal salto era reunirse con familiares y amigos en tres dimensiones y no por la pantalla, y no más de diez personas, y tomar una consumición en la terraza de un bar, aunque muchos, ante las limitaciones de aforo, han decidido no abrir.

Para percatarse de que la fase uno de desescalada se ha activado en un pueblo de mil quinientos habitantes como Villalpando hace falta adentrarse en la Plaza Mayor. Allí se pudo ver al alcalde de Villalpando, Félix González, que aseguró que era la primera vez que salía a la calle desde la declaración del estado de alarma y que no estaba contento por que el pueblo diese ese paso hacia la normalidad, ya que quien está contagiado con el coronavirus «no lleva un sello en la frente». Por ello, mostró su temor a que en unos días pueda perderse todo el esfuerzo realizado en los dos últimos meses.

En la Plaza Mayor de este municipio de Tierra de Caspos se encuentran, junto a entidades bancarias, una peluquería y una confitería, los dos establecimientos de hostelería del pueblo que este lunes reabrieron sus puertas. A ninguno de ellos pueden acceder los clientes, ni para ir al baño, pero lo que si se puede hacer es sentarse en sus terrazas para tomar un café o una caña junto a un pincho de tortilla o una tapa. Eso hicieron vecinos de la comarca como Eustaquio Vega, que vive en Castronuevo de los Arcos, un pueblo que paradójicamente aún no ha entrado en la nueva fase de desescalada, pero este vecino aprovechó que iba a hacer trámites administrativos de su ganadería para disfrutar de nuevo de la terraza de un bar.

Una terraza del municipio vallisoletano de Alaejos
Una terraza del municipio vallisoletano de Alaejos – ICAL

Junto a él hubo clientes a lo largo de toda la mañana y, aunque la caja no fue tan buena como la de antes del confinamiento, «ha sido más de lo que esperaba», reconoció el hostelero Fernando de Enrique, mientras que su compañero de gremio, Pedro Alarma, no fue tan optimista: «Se abre por abrir, pero no compensa, pasaremos así quince días y a ver cómo viene el resto», declaró. La entrada en la fase uno en este municipio, como en la mayoría de los de Castilla y León que este lunes dieron un nuevo paso hacia la normalidad, se efectuó a medio gas, sin muchos cambios y con división de opiniones entre los que no consideraron adecuado la discriminación por zonas de salud, los que reclamaron que se avance aún más en la desescalada y quienes abogaron por mantener el confinamiento.

Las Tierras Altas de Soria, la comarca más despoblada de la Unión Europea, pudo recobrar también parte de la «nueva normalidad», aunque en la práctica para sus escasos vecinos «poco o nada se ha notado de momento». Aseguran que la comarca sigue con la vida habitual del confinamiento, pero «quizás se pueda ver» grupos de personas paseando juntas, hablando en la distancia o las unidades familiares enteras en la calle. Los bares abiertos son contados. El fin de semana será más.

Hasta el 25 de mayo

Y es que la rentabilidad con clientela sólo en terraza y al 50 por ciento de ocupación no está clara en muchas de estas zonas que entraron en fase 1. En Salamanca, los establecimientos hosteleros de Lumbrales llegaron a un acuerdo para no levantar la verja mientras que en Aldeadávila y Miranda del Castañar las aperturas han sido mínimas. Esperan hasta el 25 de mayo, cuando se pueda atender dentro y fuera del bar. En estos enclaves sin incorporar la novedad hostelera, aunque «se ve más gente en la calle», la población todavía «tiene miedo y está un poquito recelosa» por lo que «salen a comprar y a pasear, pero siempre con las medidas de precaución» lo que genera que el panorama en las calles sea «prácticamente igual que el viernes», señala la propietaria de una cafetería local.

En Pampliega (Burgos), por el contrario, los vecinos pudieron acercase al bar del pueblo a tomar un café. El alcalde del municipio, Raúl Tamayo, aseguró que los vecinos se han tomado con «normalidad» este primer día y el ambiente no difiere mucho al que había días atrás, puesto que la mayoría de los comercios son de alimentación y han estado abiertos durante el periodo de confinamiento. La gran novedad ha sido el bar. «Tampoco es que esté repleto, pero al menos te puedes ir a tomar un café» en esta zona, que cuenta con dos bares, uno que abre por la mañana y otro por la tarde.



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