Los test de personalidad triunfan, ¿por qué nos gusta tanto conocernos?


Hacer un test de personalidad es un pasatiempo como cualquier otro. Al igual que hacemos crucigramas o nos gustan los sudokus, hay quienes echan un rato haciendo un test que les diga a qué personaje de «Juego de Tronos» se parecen o qué color se asocia a su personalidad. Desde los test de las revistas adolescentes (la época de la «Super Pop» y sus: ¿Qué personaje de Física o Química sería tu pareja») a los test que encontramos a día de hoy por las redes sociales, este tipo de formularios siguen apareciendo de vez en cuando.

En su «teoría de la identidad social», Henri Tajfel, psicólogo social británico, hablaba en el año 1984 de que cada persona se aplica a sí misma unas características según al grupo de pertenencia que se asigna. Esta es la manera en la que un individuo forma su identidad social y su propio autoestima. Es por ello que los test en los que nos asignan una categoría (ya sea el personaje de una serie o una canción que encaje con nuestro estado de ánimo) nos llaman tanto la atención. Cuenta Pilar Gil, psicóloga de Terapia y Emoción, que en general nos sentimos atraídos por la idea de «clasificarnos entre nosotros y a los demás y determinar a qué grupo social pertenecemos». Por ello, este tipo de cuestionarios nos atraen, ya que «buscamos etiquetarnos y que nos etiqueten para así poder definirnos».

Los test como herramienta de validación

Asimismo, los test de personalidad puede ser herramientas que nos ayuden a encontrar una validación. Así lo explica Pilar Gil: «Nos atrae la idea de encajar en ideales de belleza, fama, prestigio, cultura, o inteligencia reconocidos por una gran mayoría, y ahí nos encontramos con los personajes de ficción o los famosos. Queremos parecernos a alguien que está reconocido socialmente de forma positiva por la mayoría».

Por otro lado, la búsqueda para «entendernos» a nosotros mismos siempre nos resulta atractiva. «Las personas, por lo general tenemos un sesgo autorreferencial que hace que los contenidos relacionados con uno mismo resulten interesantes», apunta Robin Rica, psicólogo y codirector clínico de Instituto Centta. Por ello, comenta el profesional que, tanto con estos test de personalidad, «siempre con valor de entretenimiento y no psicológico», como con otros «veredictos» sobre nuestra personalidad, como pueden ser los horóscopos, por vago o difuso que resulte el análisis que hace de nosotros, siempre tendemos a una gran identificación.

Pilar Gil dice que, tanto estos test de los que hablamos como, por ejemplo, los horóscopos, nos causan interés porque nos definen, nos dicen cómo somos y qué nos va a deparar el día. «En definitiva, nos guían. A veces los necesitamos o los buscamos porque nos sentimos perdidos, no sabemos cómo somos y necesitamos que alguien o una publicación nos diga el lugar que ocupamos en el mundo», asegura la profesional.

El autoconocimiento

Con estos test rozamos la superficie de un concepto mucho más complejo: el autoconocimiento. Este término, explica el psicólogo Robin Rica, hace referencia a la construcción de una representación mental amplia de nosotros mismos. Cultivar el conocimiento es entonces «tener la sensación de poder responder a cuestiones relativas a qué tipo de persona soy, qué me gusta, qué necesito o cómo me siento».

Aun contradictorio, el multitud de ocasiones exploramos el autoconocimiento a través de los demás. Este se construye de manera compleja, ya que en esta construcción entran en juego la propia experiencia y también la relación con el otro. «A veces nuestro autoconocimiento puede estar impregnado de etiquetas y expectativas que no son nuestras y que pueden llegar a convertirse en una carga y generar dificultades», añade el codirector clínico de Instituto Centta. Es por ello que, aunque muchas personas ansían conocerse mejor, otras prefieren evitarlo. «Mucha gente vive disociada, evitando conocerse, ya que a veces conocerse o conectar con lo que se siente o lo que uno es puede causar sufrimiento, y, por ello, prefieren quedarse en el desconocimiento como forma de protección», señala Pilar Gil. «La dificultad está en mirarse en un espejo que no te devuelve sólo tus luces, sino también tus sombras», añade Robin Rica.

Observación y diálogo interno

No hay conocimiento sin observación ni atención. Explica Robin Rica que por ello, si no nos observamos y nos prestamos atención a nosotros mismos, no podremos desarrollar el autoconocimiento que permita un autoconcepto amable e integrado. «Herramientas como los diarios, el preguntarse cosas, en definitiva, fomentar el diálogo interno contribuye a esta idea», dice el psicólogo.

Aun así, apunta que hay que tener en cuenta que, aunque el ser humano suele tolerar mal la incertidumbre, no siempre tenemos que tener todas las respuestas. «El autoconocimiento debe ser una actitud curiosa y exploratoria con uno mismo, por lo que está en proceso a lo largo de todo el ciclo vital», concluye el profesional.



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